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¡Cuidado con el ruido!
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Pese a que la contaminación acústica afecta la salud física y síquica de los habitantes de las grandes metrópolis, hasta ahora este problema, que entre otros peligros expone al 80% de los santiaguinos a algún nivel de sordera, no se ha enfrentado con la rigurosidad que se requiere.

Revista Nº 14    mayo-junio 1995


Hace un par de meses, en un conocido programa de radio, un vecino de Santiago se quejó furiosamente de que junto a su casa funcionaba una discoteca y que el ruido no lo dejaba vivir o, mejor dicho, dormir en paz.

En consecuencia este señor no descansaba bien, andaba estresado y su rendimiento laboral era cada día peor.

En la radio investigaron el problema. Primero comprobaron que en el lugar indicado efectivamente funcionaba una discoteca. Luego fueron a la Municipalidad y a Carabineros para pedir que de una u otra manera buscaran y mostraran alguna vía de solución para el problema. Las autoridades les escucharon pacientemente. Pero lo que no pudieron mostrar fue alguna norma o reglamento que controlara, prohibiera o sancionara el funcionamiento de ese centro de diversión que perturbaba el sueño de los vecinos del sector.

En realidad, existe una norma. Se trata del Decreto Supremo Nº 282 del Ministerio de Salud, publicado en el Diario Oficial del 30 de agosto de 1984. En su Artículo 1º, el reglamento establece los niveles máximos permisibles de presión sonora continuos equivalentes, y los criterios técnicos para evaluar y calificar la emisión de ruidos molestos generados hacia la comunidad por fuentes fijas, tales como las actividades industriales, comerciales, recreacionales, artísticas u otras.

El Artículo 2º señala que corresponderá a los Servicios de Salud fiscalizar el cumplimiento de las disposiciones del presente reglamento, sin perjuicio de las atribuciones específicas que las Ordenanzas Municipales  otorgan  a los inspectores municipales y Carabineros en esta materia.  Tratándose de la Región Metropolitana esta facultad corresponderá al Servicio de Salud del Ambiente de esa región.

A continuación, el Reglamento entra a definir lo que se entiende por Fuentes Fijas.  Decibel, Nivel de Presión Sonora (N.P.S.), Ruido Estable y Ruido Fluctuante, y termina estableciendo los niveles máximos permisibles de presión sonora continuos equivalentes. Finalmente se establece una serie de procedimientos para efectuar las mediciones instrumentales.

Fuera de esto, no hay más. Es decir, la reglamentación es tan ambigua que no se contemplan multas ni sanciones para quienes superen las normas establecidas.  Dicho de otra forma, esto significa que al ruido molesto todavía no se le otorga el carácter de contaminante peligroso o dañino para la salud.  Sin embargo, los estudios realizados hasta la fecha, tanto en Chile como en el extranjero, indican algo muy diferente: del ruido hay que cuidarse.

En su tesis para optar al grado académico de Magíster en Salud Pública, el Dr. Hernán Varas Muñoz una de las grandes autoridades chilenas en materia de contaminación acústica, define el ruido como “un sonido no deseado que puede afectar de forma negativa la salud de individuos o poblaciones. En este último caso se le denomina ruido comunitario”.

Ahora bien, entre las fuentes más importantes de emisión de ruido se encuentran la industria, el tránsito vehicular, los ferrocarriles, la navegación aérea, la construcción de edificios y los lugares de recreación. En cuanto a sus efectos en la calidad de vida y la salud destacan la interferencia en la comunicación oral, las perturbaciones del sueño, su incidencia sobre la salud mental, la conducta social y el rendimiento laboral. Fuera de esto, la exposición prolongada a ciertos niveles de ruido es capaz de producir un desplazamiento temporal o permanente del umbral de audición para llegar, en último término, a la sordera.

Por todas estas razones, y tomando como marco la Región Metropolitana, es incuestionable que el ruido comunitario es otro de los grandes factores de contaminación capitalinos. En este sentido, las cifras son elocuentes, ya que para Santiago el diagnóstico global señala que el 80% de la población urbana está expuesta a niveles de ruido que involucran algún grado de pérdida auditiva.

En 1989 la Universidad de Santiago, con el patrocinio de la Intendencia de la Región Metropolitana y el Banco Interamericano de Desarrollo, decidió hacer un estudio para diagnosticar correctamente la gravedad del problema y sus posibles soluciones a mediano y largo plazo.

El estudio se centró en la evaluación y análisis del ruido comunitario exterior en el Gran Santiago. Se definió así una zona de 280 km2 para realizar mediciones y detectar los sectores en donde la contaminación por ruido es más importante.

De acuerdo a los niveles de ruido encontrados en las vías principales (Norma EPA), el 57% de la población tiene un riesgo leve de pérdida auditiva. Otro 21% de la población también está expuesta a niveles que exceden entre 5 y 10 decibeles el criterio mínimo. Asimismo, el 0,8% se encuentra bajo un riesgo alto de pérdida auditiva, ya que soporta niveles que sobrepasan en más de 10 decibeles el criterio mínimo de la EPA.

En consecuencia, de acuerdo al estudio de la USACH, sólo un 20% de la población no está expuesta a riesgos de pérdida auditiva.

Efectos del ruido

En general se considera como audición normal la capacidad de detectar sonidos en la gama de frecuencias (16 a 20.000 Hz) según los patrones establecidos. Normalmente la sensibilidad auditiva disminuye con la edad, proceso que se denomina Presbiacusia.
De acuerdo al criterio de la American Academy of Ophthalmology and Otolaryn-gology (A.A.O.O.) la incapacidad auditiva comienza cuando el promedio de las frecuencias 500, 1.000 y 2.000 Hz excede los 25 dB ANSI (1969).

En Chile el criterio establece incapacidad auditiva cuando el promedio de las frecuencias 1.000, 2.000, 3.000, 4.000 y 6.000 Hz excede los 25 dB ANSI (1969).

En el proceso auditivo normal, las ondas sonoras que se propagan a través del aire, penetran en el conducto auditivo externo, produciendo vibración en la membrana timpánica. Estas vibraciones se tramiten a través de los huesecillos del oído medio hasta el órgano sensorial de la audición (Organo de Corti). Aquí las células ciliares actúan como transductores, generando impulsos nerviosos que son trasmitidos al cerebro a través de la vía auditiva. En la corteza cerebral esta información es percibida como sonido o ruido. El ruido puede actuar en forma aguda o crónica sobre el Organo de Corti.

Efectos agudos y crónicos

Cuando un ruido es muy intenso, por ejemplo una explosión, se producen daños en el órgano sensorial de la audición y también en el oido medio (ruptura de la membrana timpánica y distorsión de los huesecillos). Este es un efecto agudo del ruido. Ahora bien, por acción constante de un ruido sobre el Organo de Cordi, éste primero sufre una cierta fatiga con deterioro del umbral auditivo. Más tarde, si la exposición al ruido es contínua o intermitente por períodos muy prolongados, se puede llegar fácilmente a la destrucción de las células ciliadas y a una degeneración de la rama coclear del nervio auditivo con deterioro permanente del umbral auditivo.

Perturbación del sueño

Otro de los problemas serios del ruido ambiental tiene que ver con el sueño de las personas.

Basándose en las respuestas electro-encefalográficas se pueden identificar varias etapas. En el relajamiento previo al sueño, el trazado electro-encefalográfico cambia de ondas irregulares a un patrón regular: el ritmo alfa. A continuación sigue la etapa 1 del sueño, la que se caracteriza por reducciones prolongadas de la amplitud y frecuencia de las ondas.

Más tarde , en la etapa 2, el patrón está constituido por ráfagas de ondas combinadas con ondas lentas, aisladas, de amplitud relativamente grande. Unos 30 a 45 minutos más tarde, aparecen en el electro-encefalograma períodos de ondas lentas de gran amplitud, es la etapa 3. Cuando estas ondas han ocupado alrededor del 45% del período de registro, se ha alcanzado el sueño más profundo, la etapa 4.

El tiempo del sueño profundo y el de cada etapa depende de la edad de la persona. Mientras mayor es ésta, mayor es también la proporción de tiempo ocupada por el sueño ligero. A partir de los 60 años desaparece la etapa 4, es decir, la del sueño profundo.
Los resultados de algunos estudios sugieren que los efectos del ruido sobre el sueño dependen de las características del estímulo sonoro, la edad, el sexo, los antecedentes en materia de sueño, la adaptación y la motivación.

Varios investigadores coinciden en que existe asociación entre niveles altos de ruido y salud mental. Por ejemplo. Herridge sugirió que el ruido no era causa de enfermedad mental, pero que estimularía el desarrollo de una neurosis latente.

Abey y Wicrama estudiaron la historia clínica de 124.000 personas residentes de un área cercana al aeropuerto de Heathrow, en Londres, y encontraron un índice más elevado de ingresos en hospitales mentales, en comparación con residentes de una zona cercana, pero más silenciosa. También se ha demostrado que dosis altas de ruido producen estrés, y que los patrones de sueño de las personas expuestas a ruido semejan a los de personas con depresión endógena.

Desde el punto de vista sicológico, el ruido provoca efectos subjetivos (sensaciones desagradables, irritabilidad, etc.) y objetivos (modificaciones del comportamiento individual y social). En este sentido, el ruido tiene efectos sobre el comportamiento social ya que disminuiría las conductas solidarias. Este empobrecimiento de la vida social puede deberse a que provoque un deseo de escapar de la situación ruidosa, o genere una disminución de la capacidad de atención.

Con diferentes grados de certeza, las investigaciones científicas han demostrado que el ruido puede ocasionar todo este listado de problemas:

- Interfiere señales auditivas tales como el habla.
- Enmascara las señales auditivas con otras irrelevantes que distraen al trabajador.
- Competiría por la atención sicológica del sujeto y tendería a la sustracción en interferencia con el rendimiento laboral.
- Crea una condición de monotonía que enmascara los cambios normales en el contorno acústico.
- Fisiológicamente excita o despierta a las persona.
- La sobreexcitación en el trabajador podría bajar el rendimiento laboral

El más obvio de los efectos ambientales del ruido es su interferencia con la comunicación oral. También interfiere con el oír radio y televisión, ya que con un cierto nivel de ruido se enmascaran los sonidos que la persona desea escuchar. La naturaleza fundamental del habla y la frecuencia de su uso en casi todas las actividades humanas, demuestra que su interferencia por el ruido es uno de los efectos más importantes de éste.

Estudio en Providencia

En su tesis para optar al grado académico de Magíster en Salud Pública, el Dr. Hernán Varas Muñoz, realizó un estudio epidemiológico del ruido comunitario en la comuna de Providencia. El académico utilizó instrumental científico de medición y desarrolló una encuesta que le fue entregada a un grupo de vecinos de la comuna. Los resultados son altamente interesantes, ya que un estudio de esta naturaleza, sumado al que realizó la Universidad de Santiago en 1989, perfectamente puede servir como punto de partida para crear una normativa que mejore el esfuerzo realizado con el Decreto Nº 286 del Ministerio de Salud.

Fuentes de Ruido Identificadas en la Comuna de Providencia
Fuente                              Porcentaje
Tránsito Vehicular               35,0 %
Construcciones                   11,0 %
Talleres mecánicos               6,4 %
Maquinarias fabriles             5,5 %
Alarmas                              3,7 %

Fuentes mencionadas en porcentajes menores que 2%
Actividades de colegios
Paso de motos
Ladridos
Motores de vehículos estacionados
Muchedumbres
Otras

En su tesis, el Dr. Varas señala que se escogió la comuna de Providencia por su composición socio-económica, primordialmente media y alta, y por su gran actividad comercial, recreacional y de servicios.

Las viviendas sorteadas para la muestra resultaron en un 100% de construcción sólida. En cuanto a la distribución de los entrevistados por sexo, la encuesta fue respondida por un 32% de varones (109) y un 68% de mujeres (234).

Al pedirles que calificaran su nivel de molestia por ruido se les solicitó que se ubicaran frente a una escala de cuatro categorías:
Mínima                        9,2%    (10 personas)
Moderada                  38,5%    (42 personas)
Franca Molestia          32,5%    (35 personas)
Molestia Intolerable    20,2%    (22 personas)

Los días de lunes a viernes son los peores: 40% de la muestra. En cambio, los sábados y domingos sólo son molestos para el 6,6% de los encuestados.

Una molestia permanente, toda la semana, experimenta el 25% de los entrevistados.
El 7,3% está molesto en días diversos y un 2,8% no sabe o no contesta.

También se preguntó por las horas más críticas. Cerca del 60% percibe como más frecuentes las molestias por ruido en horario diurno, un 16% señala el horario nocturno y el 24% señala que el ruido le molesta en ambos períodos.
 
 
 
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