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La propuesta Macam III
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El rediseño de la red de monitoreo de contaminantes de la RM apunta a configurar un sistema integral y estratégico de seguimiento de la calidad del aire.
Revista Nº 87 julio- agosto 2007
Instalar una estación de monitoreo rural y otra suburbana, realizar campañas permanentes de caracterización de los contaminantes y contar con unidades que midan específicamente el impacto de la actividad industrial y del tránsito en la polución de la ciudad. Esas son algunas de las recomendaciones que hace la propuesta de rediseño de la actual Red de Monitoreo Automática de Contaminantes Atmosféricos de la Región Metropolitana (RM), conocida como Macam II.
Se trata de sugerencias derivadas de un estudio técnico encargado por la Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama) de la RM, las cuales servirán como base para que las autoridades definan la nueva configuración de la red de vigilancia ambiental capitalina que ya cumple diez años de vigencia.
El nuevo sistema de monitoreo debiera estar en funciones el año 2008, coincidiendo con la puesta en marcha del Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA) actualizado.
Y si bien aún quedan varias cosas que resolver antes de conocer cuáles serán los cambios que se aplicarán finalmente, ya existe claridad absoluta en lo que se busca con el rediseño: contar con un sistema estratégico de seguimiento de la calidad del aire que contribuya a conocer mejor las características y el comportamiento de los contaminantes que ahogan a la cuenca metropolitana, así como sus impactos en la salud de la población.
Eso, en definitiva, permitirá evaluar y focalizar más adecuadamente las políticas públicas y las medidas particulares que se aplican para mejorar la calidad del aire en Santiago.
Seguimiento Estratégico
La Red Macam II cuenta con siete estaciones de monitoreo que están operando en las mismas condiciones desde 1997.
A través de ellas se registra de manera continua el nivel de concentración de los denominados “contaminantes criterio” que están normados: material particulado respirable (MP10), monóxido de carbono (CO), dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx), ozono troposférico (O3) e hidrocarburos totales metánicos (CH4) y no metánicos (NMH), como el benceno y tolueno. Estos últimos forman parte de los llamados compuestos orgánicos volátiles (COVs). Además, en cuatro módulos de medición se controla el material particulado fino (MP2,5).
El año pasado, recogiendo una de las críticas de la segunda auditoría internacional al PPDA y las inquietudes del Consejo Asesor de la Intendencia Metropolitana y de los Consejeros Regionales, la Conama Metropolitana encargó al Centro Mario Molina un estudio que se denominó “Evaluación y Rediseño de la Red Macam II”.
El estudio contó con el financiamiento del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR). Sus resultados fueron entregados a la Conama RM en enero pasado y se han ido trabajando junto a la Seremi de Salud Regional para presentar un informe final consensuado al Consejo Regional Metropolitano, donde se pretende incluir la propuesta de mejoramiento del sistema de monitoreo de acuerdo a las recomendaciones que realiza el estudio y, por cierto, los requerimientos asociados a ello.
En su evaluación, el estudio distingue entre el objetivo histórico de la Red Macam II que es la medición de los contaminantes criterio para propiciar la gestión de episodios críticos, y el objetivo de largo plazo que se relaciona con su contribución al plan de descontaminación atmosférica de la capital y, en definitiva, al mejoramiento de la calidad del aire.
Alejandro Smythe, Director de la Conama Metropolitana, comenta: “En primer lugar, el estudio concluye que la Red Macam II ha cumplido de manera satisfactoria su objetivo de medir la concentración de contaminantes.
No obstante, hace dos recomendaciones muy importantes: contar con un sistema de aseguramiento de la calidad de los datos que cumpla con los estándares internacionales en la materia, y lograr un financiamiento de carácter permanente para implementar las instalaciones técnicas y capacidades profesionales más sofisticadas que hoy requiere el monitoreo de la calidad del aire en la capital”.
Con respecto a su contribución al seguimiento de la calidad del aire en la RM, la evaluación no es tan favorable y propone un cambio de enfoque.
La autoridad expone: “El estudio señala que es necesario avanzar hacia lo que podríamos llamar una Red Macam III, vale decir, al diseño de un sistema de seguimiento estratégico de la calidad del aire que, como tal, permita implementar políticas públicas más certeras en pos de la disminución de la contaminación atmosférica en la cuenca de Santiago y del cuidado de la salud de la población”.
En ese contexto, el estudio señala que aparte del monitoreo de la calidad del aire y de los inventarios de emisiones derivados de ello, se requiere realizar campañas habituales de monitoreo que permitan conocer mejor, por ejemplo, el comportamiento y la composición de los contaminantes que afectan a Santiago, su relación con el impacto en la salud de las personas y el entorno, así como el efecto de las medidas que se están adoptando para descontaminar.
“Desde 1995 a la fecha, la Conama Metropolitana ha realizado campañas de este tipo en el marco de los planes de descontaminación, pero la idea es hacer esto de manera continua en el largo plazo, con lo cual además toma fuerza la propuesta de contar con un financiamiento permanente en esta materia. Esto está muy en sintonía con lo que estamos postulando para el PPDA, porque no se puede trabajar a largo plazo con presupuestos que cambien todos los años”, apunta Smythe.
Por su parte, el Jefe del Area de Calidad del Aire de la Conama RM, Marcelo Fernández, detalla otros aspectos importantes de la evaluación: “El estudio sostiene que para seguir avanzando en la descontaminación de Santiago, se requiere de una red que no sólo se haga cargo de medir los contaminantes criterio y permita hacer una gestión adecuada de episodios críticos. Necesitamos un sistema con el que podamos hacer un seguimiento mucho más completo de un fenómeno complejo y dinámico como es la contaminación atmosférica”.
Y agrega: “Así, por ejemplo, ya no nos basta con saber cuánto PM10 o PM 2,5 hay en la atmósfera, sino que debemos saber cuál es su caracterización físico-química, cuáles son los componentes que se están controlando efectivamente, etc.”
Asimismo, señala que también se debe hacer un seguimiento del ozono (que también satura Santiago), compuesto que tiene la particularidad extra de generarse por reacciones fotoquímicas a partir de precursores como el NOx, por lo tanto, es mucho más complejo que vigilar otros contaminantes.
Para cumplir con ello “se requieren tres estaciones: una a la entrada del valle para saber qué es lo que entra a la cuenca, otra en la ciudad y una tercera a la salida de la ciudad que es donde se producen los máximos de ozono. Entonces, no es necesario que este contaminante se mida en todas las estaciones como se hace actualmente, sino que hay que trabajar con una lógica distinta de medición”.
A eso se suma la necesidad de establecer una estación de techo dentro de la ciudad que permita “caracterizar y hacer un seguimiento a la mezcla homogénea de contaminantes que se superpone a todas las contaminaciones locales”.
Propuesta de Rediseño
A partir de la evaluación expuesta, el estudio entrega recomendaciones para configurar una red de monitoreo que pone un fuerte énfasis en hacer un buen seguimiento de aquellos parámetros que tienen impactos sobre la salud de la población, como son los compuestos del material particulado y de los COVs.
Considerando que Chile es un país en que no abundan los recursos, el documento sugiere aprovechar la infraestructura de monitoreo existente y establecer tres tipos distintos de estaciones:
Urbanas
Para el monitoreo de la calidad del aire y la gestión de episodios críticos, el estudio señala que basta con mantener sólo cuatro de las siete estaciones de representación poblacional (urbano residenciales) hoy vigentes. Estas serían: La Florida, Pudahuel, El Bosque y Las Condes.
Las otras tres unidades de vigilancia ambiental (Independencia, Parque O’Higgins y Cerrillos) podrían “acomodarse”, complementándolas con nuevos equipos, para realizar las campañas de seguimiento estratégico de la calidad del aire.
En ese contexto, por ejemplo, se propone hacer de Parque O’Higgins una estación “superside” (más grande) que permita instalar el equipamiento para efectuar mediciones “de techo” y para medir el manto que forma la concentración de contaminantes en la ciudad (llamado “background urbano”) que es la base a la cual se van sumando las emisiones específicas de las distintas fuentes.
Además, se recomienda contar con un módulo que registre el impacto del tránsito en la contaminación, el cual podría ser móvil para evaluar la situación en diferentes zonas de la ciudad; otro para medir el impacto del sector industrial en la contaminación, función que podría cumplir la actual estación de Cerrillos; y un tercero de carácter histórico que permita mantener el registro de la contaminación a través del tiempo. Estos últimos dos también podrían quedar como estaciones urbano residenciales.
Rurales
El informe de los especialistas recomienda instalar una estación en El Monte, cuyo objetivo debiera ser la medición de las condiciones naturales que ingresan y están presentes en la cuenca (“background rural”) y que se mezclan con las emisiones de la ciudad. Es una de las tres unidades necesarias para estudiar la formación, desplazamiento y comportamiento del ozono.
Suburbanas
Plantea la implementación de una estación en la comuna de Colina que permitiría completar el proceso de seguimiento de la contaminación fotoquímica (ozono) y de los componentes naturales de la zona (“background suburbano”).
Alejandro Smythe aclara que esta es la propuesta mínima que sugiere el estudio, pero la Conama RM pretende contar con un sistema de monitoreo más amplio.
Así explica: “Sabemos que es muy complejo retirar estaciones de monitoreo de lugares donde se han hecho mediciones históricamente, por mucho que su funcionamiento sea innecesario desde el punto de vista técnico. Por eso, nuestra idea es mantener las siete estaciones actuales de representación poblacional, además de la de Cerro Navia que se sumará pronto, y agregar otras de representatividad industrial, de tránsito, suburbana y rural que permitirán hacer un mejor seguimiento a la contaminación y a los efectos que tienen las medidas del plan”.
La autoridad añade que la red de monitoreo con el nuevo diseño debiera estar operando el año 2008 y que lo ideal es que su definición se haga en conjunto con la Autoridad Sanitaria Metropolitana, para contar con una mirada integral en pos de la descontaminación de la Región.
En ese contexto, destaca las conversaciones que ha mantenido la Conama RM con la Seremi de Salud para consensuar una propuesta que en definitiva se someterá a consideración del Gobierno Regional Metropolitano. Sin embargo, también advierte que es posible que finalmente la Seremi de Salud decida sólo mejorar la actual red Macam para cumplir con su obligación legal de medir los contaminantes criterio, y que la Conama opte por implementar su propia red un poco más sofisticada.
Mezcla de Monitoreos
Como ya se indicó, la actual red de monitoreo mide de manera continua MP10, CO, SO2, NOx, O3 e hidrocarburos totales metánicos (CH4) y no metánicos (NMH). Además, registra MP2,5 en cuatro estaciones.
El estudio no señala que sea necesario considerar otros contaminantes y tampoco propone que la medición de material particulado fino se extienda al resto de las estaciones.
Sí se recomienda cambiar la lógica de medición de algunos compuestos, pasando del monitoreo continuo en muchas estaciones a una mezcla de tipos de monitoreos específicos que permitan un análisis distinto de los contaminantes. Esto, enmarcado en un programa de largo plazo que permita ir caracterizándolos a todos ellos.
Un ejemplo es el caso de los hidrocarburos que forman parte de los compuestos orgánicos volátiles (COVs). “Hasta ahora los COVs se han medido en línea, pero eso no ha sido eficiente. Se requiere una mejor caracterización, para lo cual se plantea mezclar algunos monitoreos continuos con el uso de métodos como los tubos pasivos y algunas campañas específicas”, acota Fernández.
Por otra parte, para la validación de los datos, la propuesta “Macam III” recomienda en el corto plazo externalizar las auditorías para evitar que la autoridad sanitaria siga actuando como “juez y parte” en esta materia.
Además, a mediano y largo plazo, postula establecer un centro de referencia en el país que cuente con la tecnología y con las capacidades necesarias, respaldadas por una acreditación internacional, para validar las mediciones de calidad del aire en la capital.
“El Centro Nacional de Medio Ambiente (Cenma) se creó con esa finalidad, pero lamentablemente quedó a medio camino. Esperamos que recupere dinamismo y pueda convertirse en este centro de referencia”, indica Smythe.
Además, el estudio recomienda también integrar las iniciativas privadas de monitoreo que existen en la cuenca -como las exigidas a varias industrias por el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental- para complementar la información que entrega la red de monitoreo capitalina.
Smythe apunta: “La idea es que como los recursos no abundan, hagamos una sinergia público-privada para disponer de mejor información para optimizar el proceso de toma de decisiones para la descontaminación de la RM. En ese contexto, dentro de la actualización del PPDA también debiéramos realizar algunas adecuaciones normativas para integrar la información de las redes privadas, que también tiene falencias como la carencia de un sistema de validación de datos o el hecho de estar muy dispersas”.
Cuestión de Recursos
La configuración definitiva del sistema “Macam III” depende de la cantidad de recursos que se asignen finalmente al proyecto.
La estimación de los costos no es fácil, más aún considerando que la Conama RM está apostando por contar con un presupuesto permanente que permita operar y mantener esta red al menos durante diez años.
Para tener una referencia, cabe indicar que tras las recomendaciones de mejoramiento de la Red Macam II que hizo la segunda auditoría internacional del PPDA, la Autoridad Sanitaria Metropolitana solicitó alrededor de 3 millones de dólares sólo para la actualización tecnológica del sistema actual de monitoreo.
Si se considera el proyecto completo, vale decir, la instalación de nuevos equipos y estaciones, su operación y mantención en el largo plazo, las auditorías externas para el aseguramiento de la calidad de los datos y los estudios complementarios, se podría fácilmente alcanzar el doble de la cifra señalada.
Un costo que, sin duda, vale la pena asumir porque va directamente a favor del cuidado del medio ambiente y de la salud de la población.
Red Meteorológica
El estudio también entrega recomendaciones para el mejoramiento de la medición meteorológica que se requiere para conocer mejor la influencia de las condiciones atmosféricas en la dispersión de contaminantes en la cuenca metropolitana. “Para avanzar en la modelación del ozono, por ejemplo, se requiere tener mayor certeza del comportamiento de los vientos, las temperaturas y otros factores meteorológicos en la cuenca. Y eso también tiene su complejidad y significa mayores recursos”, comenta Alejandro Smythe.
Cabe indicar que actualmente, la medición meteorológica se hace a través de las estaciones de Red Macam II, además de una decena de unidades de monitoreo instaladas fuera del perímetro urbano que permiten precisar la micrometeorología que afecta a la Región.
Evolución Tecnológica
En 1987 se estableció la primera Red de Monitoreo Automático (Macam I) en la Región Metropolitana que se caracterizó por la utilización de un sistema dicotómico para medir el material particulado, el cual consiste en la instalación de filtros que se exponían durante 24 horas continuas para luego ser sometidos a análisis de laboratorio que entregaban resultados dos o tres días después.
Este método, que aún está en uso en tres estaciones, permitió crear un registro histórico que da cuenta de la evolución de la calidad del aire capitalino.
El inconveniente era que la gestión de los episodios críticos de contaminación se hacía por constatación, vale decir, se decretaba una alerta o preemergencia después de analizar las muestras tomadas en las estaciones. Así, las medidas para tratar de mejorar la calidad del aire en las jornadas más complicadas se aplicaban después de que la población había estado expuesta a la contaminación.
Para dar un giro en esta situación, en 1997 se configuró la Red Macam II que incorporó equipos para el monitoreo en línea del material particulado, entregando datos horarios de la calidad del aire. Esto permitió adoptar el modelo actual de gestión preventiva de los episodios críticos.
La medición del MP10 y MP2,5 hoy se basa en la tecnología TEOM que permite captar directamente el nivel de contaminación que hay en el lugar donde se toma la muestra. Este sistema opera con una microbalanza que funciona mediante cambios de frecuencia.
Vale decir, el monitor TEOM se comporta como un instrumento gravimétrico que toma aire del ambiente a través de un filtro a una proporción de flujo constante, pesando el filtro continuamente y calculando las concentraciones de masa en un rango cercano al tiempo real (10 minutos). Además, el instrumento calcula la acumulación de masa total en el filtro, cada 30 minutos y cada una hora.
Los otros contaminantes criterio, en tanto, se miden utilizando analizadores de gases que registran valores cada cinco minutos.
El estudio de rediseño de la Red Macam II no cuestiona la tecnología utilizada en los equipos de monitoreo, pero recomienda aprovecharlas mejor mediante una visión de conjunto del sistema.
Marcelo Fernández acota: “Las técnicas de monitoreo debieran ser más o menos las mismas utilizadas hasta ahora, avanzando eso sí en la incorporación de algunas técnicas sencillas pero que son tremendamente útiles para el seguimiento estratégico de la contaminación. Un ejemplo son los tubos pasivos que no se están usando en la Región Metropolitana, son baratos y podrían entregar información de muy buena calidad”.
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