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Los emisarios submarinos han sido claves en el saneamiento prácticamente total del borde costero chileno. Aquí evaluamos sus aspectos operacionales y técnicos.
A modo de celebración, algunos surfistas se subieron a sus tablas y azuzaron a las olas de Pichuilemu como si estuvieran dispuestos a vivir su última aventura en el mar. Habían logrado, en un trabajo cohesionado con las fuerzas vivas de ese balneario de la Sexta Región, lo que, por muchos momentos, pareció una batalla pérdida: evitar la construcción de un emisario submarino y de esa manera, a juicio de la mayoría de sus habitantes, impedir la contaminación del borde costero.
Lo paradojal del suceso es que ocurrió en una invernal tarde de agosto de 2007, luego de conocerse que la empresa sanitaria Essbio había presentado a evaluación ambiental el proyecto de futura planta de tratamiento de aguas servidas (PTAS) para la comuna, en base a la tecnología de lodos activados, sepultando definitivamente la idea de construir un ducto al mar.
A la luz de esta experiencia y de otras marcadas por el rechazo general al emplazamiento de emisarios submarinos, se podría suponer que éstos no constituyen soluciones idóneas para depurar los efluentes domiciliarios, sin embargo la evidencia dice todo lo contrario: actualmente las Empresas de Servicios Sanitarios (ESS) operan 31 sistemas de este tipo en todo el país que descargan los residuos líquidos fuera de la zona de protección litoral (ZPL). Y con muy buenos resultados, ya que han logrado descontaminar el borde costero donde se emplazan.
Estos emisarios constituyen el 12,5% de las tecnologías de tratamiento utilizadas a nivel nacional, considerando que existe un total de 257 sistemas de saneamiento de aguas servidas. O sea, prestan servicio a más de 2,5 millones de personas.
Algo de Historia
La definición técnica de estas estructuras precisa que son tuberías que permiten realizar una descarga de aguas residuales en un lugar donde la hidrodinámica favorece la dilución y dispersión del efluente, con lo que se consigue el tratamiento natural de las descargas biodegradables. Su instalación, además de cumplir con el Decreto Supremo 90, debe hacerse en el sitio y forma que determine la Dirección General del Territorio Marítimo y de Marina Mercante, Directemar.
De acuerdo a antecedentes de la Superintendencia de Servicios Sanitarios, SISS, el emisario submarino más antiguo que se puso en marcha, con la autorización de la autoridad marítima y el respaldo de estudios de batimetría (de medición profundidad) y oceanográficos, se construyó en Arica, en el sector de Chinchorro Norte, entre los años 1985-1986, siendo autorizado por la SISS en 1991. Y el segundo de su tipo fue el de La Serena, que se instaló entre 1986 y 1987 y fue validado por la SISS en 1992.
“Antiguamente los emisarios eran cortos y descargaban en la orilla de la costa, no cumpliendo las exigencias de los actuales”, recuerda Roberto Duarte, experto de la División de Fiscalización de la SISS, quien hace una evaluación operacional de estas instalaciones: “A la fecha han resultado ser una buena solución de pretratamiento, conducción y disposición de las aguas servidas a cierta distancia de las costas, al interior del mar, donde al producirse una adecuada dilución y dispersión se logra que estas descargas cumplan con lo establecido en el DS 90. Con su implementación se han descontaminado el 100% de las playas donde antiguamente se vertían los residuos líquidos. El cumplimiento de esta normativa es permanentemente fiscalizado por la Superintendencia de Servicios Sanitarios”.
Agrega que todo proyecto de construcción de un emisario submarino, sea de una empresa sanitaria o de una planta industrial, debe someterse a evaluación ambiental en el contexto del SEIA. En esta instancia participan todos los servicios con competencia en la materia, “exigiéndose que los emisarios submarinos aseguren un buen desempeño ambiental, lo cual debe ser avalado por un informe técnico que contenga estudios acabados referentes, por ejemplo, a análisis de olas, las medidas de protección catódica parar evitar la corrosión, el cálculo de los anclajes para impedir el desplazamiento de la tubería, la definición de un método apropiado de construcción y disposición sobre el fondo marino, los cálculos de la estructura protectora en la zona de rompientes, un análisis batimétrico, datos geofísicos del lecho marino y determinación de la Zona de Protección Litoral”, destaca.
Una vez evaluado y calificado ambientalmente favorable, se le otorga la respectiva Resolución de Calificación Ambiental por parte de la Corema de la región donde se ubica el emisario. También debe obtener los permisos sectoriales correspondientes y, por último, dar pleno cumplimiento al DS 90, que establece dos tablas con los límites máximos permitidos para las descargas de residuos líquidos a aguas marinas dentro o fuera de la Zona de Protección Litoral.
Importantes Ventajas
Verónica Vergara, también profesional de la División de Fiscalización de la SISS, resalta que los emisarios submarinos tienen ventajas comparativas en relación a las PTAS en base a lodos activados, que son las más empleadas en Chile. “Por ejemplo, su operación es simple, no generan lodos biológicos, no son sensibles a la calidad del agua servida que reciben ni a cargas puntuales de riles, y los costos para implementarlos son menores”.
Y aunque la tecnología de lodos activados presenta mayores niveles de tratamiento que los emisarios, comenta que la probabilidad que genere impactos ambientales derivados de problemas operacionales también es mayor. “Además que los efectos de las descargas al medio marino pueden ser monitoreados y controlados”, subraya.
Los dispositivos submarinos tampoco se han quedado atrás en materia de adelantos tecnológicos, especialmente los construidos y operados por las sanitarias, toda vez que en los últimos años han incorporado unidades desarenadoras y desgrasadoras en sus sistemas de pretratamientos en tierra.
La especialista agrega que otra significativa mejora de los emisarios se relaciona directamente con uno de los pocos problemas que han presentado últimamente: la generación de olores desde sus plantas de pretratamiento ubicadas en tierra y cercanas a zonas pobladas. “En la mayoría de los casos, se ha revertido este impacto mediante la implementación de salas de pretratamiento herméticas con extracción y purificación de gases odoríficos, a través del uso de filtros en base a carbón activado. En otros, se utiliza un scrubber donde se tratan los gases con soluciones en contracorriente y, en menor medida, se emplean soluciones que enmascaran los olores”, detalla.
La SISS refuerza la fiscalización de estos sistemas en los meses de verano, debido a que en ese periodo los gases se eliminan al exterior con mayor facilidad por las altas temperaturas y por los aumentos de carga en los colectores de alcantarillado producto del aumento de la población en las zonas costeras.
La fiscalizadora de la Superintendencia destaca un último ejemplo de su modernización: “En la etapa de disposición de las aguas servidas fuera del ZPL se está utilizando un sistema de desbaste más fino, de 0,6 centímetros de abertura en las rejas finas, y de limpieza automática”.
Característica de Diseño
Aunque ya se esbozó, cabe indicar que el diseño de un sistema de tratamiento de aguas residuales en base a emisarios submarinos considera, primero que todo, una unidad de pretratamiento físico constituido por tamices gruesos y finos para eliminar sólidos. Luego incorpora unidades desgrasadoras y desarenadoras, así como una cámara de carga o pozo de elevación cuya función es entregar la energía necesaria para transportar las aguas a través de un ducto cerrado a presión (emisario submarino), que tiene como objetivo optimizar la mezcla, transporte y dilución final de los contaminantes y disponer el vertido en un punto del medio marino.
En el caso de los emisarios operados por las sanitarias que descargan aguas servidas al mar fuera del ZPL, sólo se requiere contar en tierra con un sistema de pretratamiento en base a un desbaste para cumplir con los límites máximos exigidos por la normativa vigente. Mientras que si lo hacen dentro del ZPL, las exigencias de cumplimiento son mayores, debiendo contar en tierra con un sistema convencional que reduzca la materia orgánica y los nutrientes.
También se presentan diferencias si son aguas servidas o riles los que serán vertidos al medio marino. En este último caso las plantas industriales que los generan deben instalar sistemas de tratamiento en tierra más complejos para reducir otro tipo de contaminantes.
“En cualquier caso, el diseño ingenieril del ducto debe considerar cálculos hidráulicos y estructurales, incluyendo los soportes de anclaje que le aportan la sujeción y estabilidad para soportar los esfuerzos a los que estará sometido por efecto del movimiento de las olas. Esta tubería requiere de una cierta dimensión de longitud, diámetro, ubicación y profundidad de descarga que posibilite una adecuada mezcla”, asegura Roberto Duarte.
Enseguida añade: “Estas características son determinadas mediante la simulación de los escenarios más desfavorables, de manera que el emisario cuente con el suficiente margen de seguridad. Así se minimizarán los riesgos ambientales vinculados a su funcionamiento, esto es, que las aguas descargadas en el medio marino no ocasionen riesgo dentro del ZPL”.
Evaluaciones Comparativas
Los diversos estudios que se han desarrollado para determinar el impacto de los emisarios submarinos han concluido, en general, que sus efectos sobre los ecosistemas costeros se circunscriben a una pequeña área de sacrificio cercana al punto de vertimiento.
“Por ejemplo, en el documento ‘Emisarios Submarinos en Chile’, elaborado por Directemar en 2007, se analiza la realidad existente antes y después de su funcionamiento en Chile. Ahí se señala que las condiciones de los cuerpos de agua donde operan han mejorado sustancialmente a través del tiempo, especialmente en las zonas costeras, producto de la eliminación de las descargas de orilla”, subraya Verónica Vergara.
Otros análisis en la materia, realizados por sanitarias como Essbio y Esval, revelaron también que los efectos negativos de los emisarios son poco relevantes y quedan limitados a las áreas próximas a los puntos de descarga.
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